CONQUISTA DE AMÉRICA

INTRODUCCIÓN


De la independencia de los individuos, depende la grandeza de los pueblos.

                                                José Martí

Rota la vida tranquila de las civilizaciones que estaban en el continente que luego se llamó América, tras la llegada de los españoles el 12 de octubre de 1492, los oriundos de nuestra tierra tuvieron que padecer una época dolorosa, tiempo en que gran parte de la población aborigen fue sacrificada. Ese tiempo fue la Conquista, periodo en que los invasores españoles, y otros europeos, portugueses, franceses e ingleses y aún holandeses, explotaron y empezaron la colonización del continente. Esa fue la época en que los nativos fueron sometidos, y los extranjeros empezaron a asentarse definitivamente en nuestra tierra, fundando ciudades, explotando minas, creando encomiendas, en fin, sustrayendo nuestras riquezas para llevarlas a Europa.

Ese proceso de la Conquista es aquel por el que se buscó y al final consiguieron controlar el continente, para ponerlo a su servicio, proceso que pasa igual respecto de una sociedad o una persona que se quiere conquistar, usando diferentes métodos para lograrlo, incluyendo la persuasión, pero también la violencia. La forma en que los europeos decidieron conquistar la tierra que habían descubierto fue absolutamente violenta, poniendo por encima de todo sus deseos de llevarse nuestras riquezas, sin importar para nada la vida de los aborígenes, cuya población en los años siguientes al descubrimiento fue duramente diezmada, imponiendo su fuerza contra los que vivos quedaron, para ponerlos a producir para ellos, cuando en el siguiente periodo de nuestra historia, La Colonia la metrópoli, España nos impuso un monopolio comercial por el cual lo poco que aquí se producía debía ir allá, pero sobre todo las riquezas minerales, oro y plata, y solamente de allá era posible adquirir productos manufacturados.

Como ya se dijo en el capítulo anterior, no fueron los españoles los primeros en pisar tierra de la que sería llamada América, ya que fueron al parecer los vikingos los primeros en llegar aquí entre los años 975 y 1020, llegando a una isla del archipiélago ártico canadiense, quedándose allí por alrededor de una década, para luego abandonar el sitio, pormenores que se encuentran recogidos en el libro El descubrimiento vikingo en América: La excavación del sitio norte en L´Anse Aux Meadows, Newfoundland, cuyos autores son los noruegos Helge Ingstad y su esposa Anne Stine.

Ahora es la oportunidad de adentrarnos en ese periodo donde aventureros europeos en busca de riquezas se internaron en nuestro continente, arrasando muchas veces lo que a su paso encontraban, fundado las que hoy son nuestras ciudades más importantes, aunque muchas de las fundadas desaparecieron, sin que hoy haya rastro de su existencia, como el caso de la que es considerada la primera ciudad fundada en nuestro territorio por Martín Fernández de Enciso en 1510, Santa María la Antigua del Darién, estando en ese fundación también Vasco Núñez de Balboa, después que en 1507 por primera vez nuestro continente hubiera recibido el nombre de América, cuando Martin Waldseemuller en un mapa, que se puede considerar el registro de nacimiento del continente, así lo denominó. Este mapa hoy se conserva en la Galería de Tesoros en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

En esta época es que se creó el comercio mundial, por el naciente intercambio entre nuestro continente y Europa. De nuestra tierra se empezaron a llevar nuestros metales preciosos y nuestras materias primas, logrados los dos por el abnegado trabajo de lo subyugados indígenas, y después, cuando ya casi no había población indígena que trabajara, los esclavos traídos de África, no como seres humanos, sino como animales. Hoy los herederos de esa población africana integran nuestra nacionalidad, siendo aproximadamente el 20% de nuestra población, mientras la indígena es mínima. 

La Conquista se delimita en el tiempo entre 1492 fecha el descubrimiento y la mitad del siglo XVI, tiempo en el cual una cultura, la española europea se empezó a imponer a un gran número de culturas existentes en nuestro continente, imposición que nos trajo nuevo idioma, el castellano, religión, la católica, así como una nueva arquitectura, escritura, economía, política y muchos otros elementos que hoy hacen parte de lo que somos.

A grandes rasgos los efectos de la Conquista se pueden agrupar en: i) desaparición de las formas organizativas de las civilizaciones originarias, ii) pérdida de manera definitiva de su soberanía, iii) la desaparición de muchas lenguas nativas frente a la imposición de nuevas lenguas, las europeas, castellano, portugués e inglés, iv) destrucción de obras representativas que constituían valores culturales de las civilizaciones originarias, poniendo esas civilizaciones en situación de inferioridad, v) sometimiento de la población nativa a diferentes formas de explotación, vi) esclavitud como forma de explotación de la población africana (hombres, mujeres y niños), vii) comunicación con Europa por el mar, viii) construcción de puertos para facilitar el saqueo de oro, plata, alimentos y la traída de esclavos, y ix) desarrollo de enfermedades traídas de Europa contra las que los nativos no contaban con defensas, lo que significó la muerte de millones de ellos.

Ese es el panorama de ese período de nuestra historia, que constituye el tiempo donde una civilización se impuso a otras, a las que no respeto, por el contrario saqueo. Eso hizo que los americanos (todos, no solamente los norteamericanos) actuales poseemos elementos europeos, y menos raíces nativas, que para muchos es causa de vergüenza, cuando debe serlo de orgullo, pero aunque en menor medida, los europeos también han sido influenciados por la existencia de nuestro continente, por ejemplo en la comida, ya que pudieron agregar a su menú, la papa, el maíz y otros muchos productos que enriquecieron su gastronomía, pero también lo que tiene que ver con la riqueza, ya que de aquí se llevaron nuestro oro, nuestra plata, nuestras esmeraldas, y fibras como el fique, la quina para aliviar sus males y muchas otras cosas, muy desconocidas por cierto.

Para entender el proceso de Conquista se hace necesario estudiar especialmente tres procesos, las conquistas de México, Perú y la nuestra, para ver elementos comunes, pero también la conducta asumida por la Corona española, y la de los propios conquistadores, y los pueblos indígenas.

                                                            César A. Luque F.   cesarluque@yahoo.com  

LAS CIVILIZACIONES SUCUMBIERON ANTE LA ESPAÑOLA


La cultura española usando la espada y la cruz, impuso sus valores sobre las civilizaciones nativas. Así el investigador estadounidense H. F. Dobyns ha calculado que en los 130 años siguientes a la llegada de Colón en 1492 a nuestro continente, desapareció el 95% de la población indígena, exterminio que responde a varias causas, entre ellas nuevas enfermedades, el genocidio a que sometieron los españoles a los nativos, así como las largas jornadas de trabajo duro impuestas. Algunos llegaron a suicidarse para evitar el maltrato permanente, así se liberaban. En lo atinente a las enfermedades, el Imperio Inca sufrió varias epidemias. En 1529 una epidemia le causó la muerte al emperador Huayna Cápac, padre de Huáscar y Atahualpa. Otras epidemias que tuvo que sufrir ese imperio fueron de tifus, gripe, difteria y sarampión. Los Aztecas o Mexicas también sufrieron miles de muertes por viruela. 

Para diferentes organizaciones y estudiosos del tema, las naciones europeas hicieron un genocidio en América, no solamente físico, sino también cultural, ese que ha continuado hasta hoy. En el Primer Encuentro Continental de Pueblos Indios que se desarrolló en 1990 en Quito (Ecuador), se dijo:

“Los Indios de América no hemos abandonado jamás nuestra constante lucha contra las condiciones de opresión, discriminación y explotación que se nos impuso a raíz de la invasión europea a nuestros territorios ancestrales”.

De la conquista dijo uno de los principales escritores de América, el chileno Pablo Neruda (Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto), premio Nobel de literatura en 1971.

“Vienen por las islas (1493). Los carniceros desolaron las islas. Guanahaní fue la primera en esta historia de martirios. Los hijos de la arcilla vieron rota su sonrisa, golpeada su frágil estatura de venados, y aún en la muerte no entendían. Fueron amarrados y heridos, fueron quemados y abrasados, fueron mordidos y enterrados.”

El escritor uruguayo Eduardo Galeano, autor de la obra Las venas abiertas de América Latina (1971), de la conquista ha dicho:

“Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso. Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.”

Pero no solamente ahora, sino aún en tiempo de la Conquista, existieron voces disidentes. En el siglo XVI fray Bartolomé de las Casas denunció la explotación a que eran sometidos los indígenas, denuncia por la que fue acusado de promover una leyenda negra contra España, que pregonaba la explotación y el asesinato de indígenas, versión de la historia que algunos obtusos dicen era para hacer antiespañolismo y anticatolicismo. Independiente de las críticas, las denuncias de De las Casas fueron tenidas en cuenta por los Reyes. En 1542 fueron promulgadas las Leyes Nuevas, a través de las cuales se buscaba proteger a la población nativa del continente. En ellas se reprochaban los abusos de los conquistadores y encomenderos. Aunque De las Casas decía que todos eran seres humanos, aceptaba que los africanos fueran esclavos.

En la obra La primera crónica y el buen gobierno, que publicara en 1615 un miembro de la nobleza incaica, Felipe Guzmán Poma de Ayala, éste se mostró arrepentido de haber ayudado a los conquistadores, quienes maltrataban a los indígenas. La obra tenía como destino al rey de España, al que nunca le llegó, siendo apenas descubierta su existencia en Dinamarca en 1908.

En ese proceso de sometimiento fueron muchas las formas de tortura usadas por los españoles contra los indígenas, algunos de los cuales se atrevieron, de todas formas, a levantarse contra la opresión, como Lautaro y Caupolicán[1] que se enfrentaron a los españoles, muriendo de manera atroz. El líder indígena, aunque no en la Conquista fue el inca Túpac Amaru II que en 1780, también traicionado, fue ejecutado después de haber tenido que ver la ejecución de su esposa e hijo, y algunos de sus más cercanos amigos. Entonces le cortaron la lengua, lo ataron a cuatro caballos de pies y manos, para proceder a jalar, intentando descuartizarlo, lo que no lograron, por lo que usaron hachas para cortarlo, causándole una dolorosísima muerte.

Por algunas quejas en España se discutió la situación de la población indígena de América, llegando a oírse voces como la del ilustrado y hasta humanista, Juan Ginés de Sepúlveda que se atrevió a decir que los indios eran unos esclavos naturales. Finalmente, el rey español aceptó ante tantas denuncias, que los indios si eran seres humanos, pero disminuidos en sus facultades, hecho que legitimaba su entrega a los españoles a través de las encomiendas.

La conquista se dio bajo una ley que autorizaba el “rescate” del oro que era de los indígenas, como si fuera de los españoles, ya que uno no puede sino rescatar lo que es de uno, no pudiendo arrebatarle a su legítimo dueño algo, para después decirle que esta es rescatando el bien. Para regular la conquista se creó la Casa de Contratación en 1503, inicialmente dirigida por el obispo de Burgos, Juan Rodríguez de Fonseca que murió en 1517.

CONQUISTA DE MÉXICO


Hoy México es sin lugar a dudas el país más importante de América Latina en aspectos como el cine, la literatura, la educación, el teatro, en fin, las artes y las letras, después que logró una robusta concepción de su nacionalidad, esa que a países como el nuestro le hace falta. Los “manitos” se enorgullecen de sus raíces indígenas, sus costumbres ancestrales, empezando por la comida, los colores, las costumbres. Hoy mantienen importantes muestras de las culturas que en su territorio existieron, como pirámides y ciudades.

Por eso se hace necesario acercarnos a su historia, siendo su conquista un capítulo importante de ella. En su territorio como hemos visto existieron dos culturas muy importantes, de las que se derivaron varias. Esas culturas fueron la Maya y la Azteca o Mexica, ésta última la que estaba cuando llegaron a esas tierras los conquistadores, liderados por Hernán Cortés, quien gracias a ardides, engaños y asesinatos, logró apoderarse de tan importantes culturas.

Cuando los españoles llegaron encontraron unos territorios donde vivían varias culturas, algunas de las cuales se encontraban en guerra, y otras habían sido sometidas por los aztecas. Las guerras entre esas culturas fueron aprovechadas por Cortés, que hizo alianzas con unos para atacar a otros, pero a aquellos con los que se alió, tras vencer a sus enemigos, los traicionó, logrando en ese juego, poco conocido por los nativos, apoderarse de las riquezas de todos, luego de someterlos.

En el año de 1455 aproximadamente, el poderío azteca estaba en que había logrado una triple alianza con otras civilizaciones: Texcoco, Tlacopan y la Azteca de Tenochtitlán, donde estaba ubicado el centro de esta alianza, la que tenía sometidas a varias culturas. Sus principales rivales eran las civilizaciones: Huejotzingo, Cholula y Tlaxcala.

Cuando llegaron los españoles, por su indumentaria, color y por los caballos en que se movilizaban, fueron considerados por algunas culturas, como semidioses, lo que les dio una notable ventaja, por lo menos hasta cuando Cortés y sus hombres empezaron a asesinar y someter, cuando los indígenas entendieron, muy tarde que no eran ningunos dioses, sino malvados invasores a los que solamente les interesaban era sus riquezas.

Los españoles a cuya cabeza estaba Hernán Cortés llegaron a lo que hoy es tierra de México el 21 de abril de 1519, al desembarcar en el islote bautizado como San Juan de Ulúa, pasando pocos días después al continente, donde fundaron Villa Rica de la Vera Cruz, hoy Veracruz. Con los primeros que se alió Cortés fue con los totonacos, luego de haberles prometido que les ayudaría a atacar a los mexicas o aztecas. Así se hizo con el apoyo de un ejército de unos 1.300 soldados totonacos, siendo sus comandantes Mamexi, Teuch y Tamalli. El 16 de agosto de 1519 Cortés inició la marcha hacía México – Tenochtitlan.

Los de Tlaxcala tenían un ejército integrado por pinomes, otomíes y tlaxcaltecas. Primero se dieron enfrentamientos, como el que se dio el 2 de septiembre de 1519 cuando los tlaxcaltecas atacaron en una emboscada a los españoles, los que se impusieron por el uso de sus armas de fuego y los caballos, aunque eran menos los españoles que los indígenas. Tras la victoria, Cortés intentó por una comisión lograr una alianza, pero no lo logró. Al contrario los indígenas enviaron espías al campamento español, donde fueron capturados y sometidos a dolorosas torturas. A unos les amputaron las manos y a otros los dedos pulgares, dejándolos regresar, para que vieran la barbarie.

Lo que no logró el intento de acercamiento, lo lograron las torturas infringidas a los espías, por lo que el 18 de septiembre de 1519 varios españoles fueron recibidos por las autoridades de Tlaxcala. Allí se logró un acuerdo, que además de no atacarse, contenía la unión para atacar a los aztecas o mexicas. Para fijar el acuerdo de paz, los tlaxcaltecas les hicieron varios regalos a los españoles. Les regalaron veinte mujeres, entre las que estaba una hija de Xicohténcatl, la que se casó con Pedro de Alvarado, importante hombre del ejército español. Para casarse con el español se tuvo que bautizar con el nombre de María Luisa Tecuelhuatzin.

En plena guerra algunos españoles intentaron retirarse, irse a Cuba, pero Cortés los detuvo y les hizo un consejo de guerra, siendo condenados Juan Escudero y Diego Cermeño a muerte en la horca, y Gonzalo Umbría a cortarle parte de un pie, y los demás desertores arrestados. De esa forma sofocó la sublevación, además ordenando el hundimiento de los barcos para impedir cualquier huida.

De todas formas, para tener una posición preponderante, Cortés ordenó tomar prisioneros a varios líderes de otra tribu, la de Cholula, logrando capturar a varios de sus líderes, además de cometer una matanza en la que murieron unos cinco mil hombres indígenas en menos de cinco horas a manos del ejército español, de los tlaxcaltecas y los totonacas. Quemaron templos y casas, además de saquear todas las riquezas, oro y joyas. Derrotados los cholultecas, se sometieron y unieron a Hernán Cortés.

Logradas varias victorias militares, contando ya con varios ejércitos aliados, más por el miedo que por conveniencia, los españoles se fueron internando en el territorio de lo que hoy es México. Pasaron por Huejotzingo, los dos volcanes vigías del valle, el Popocatépetl y el Iztaccíhualtl, lo que hoy se llama el Paso Cortés, logrando pronto ver el lago de Texcoco y la isla ciudad de Tenochtitlán, cruzando por Amaquemecan y Chalco – Atenco, sitio a donde llegaron unos enviados del emperador azteca Moctezuma, buscando convencerlos de no seguir adelante, petición que fue desechada. Entonces siguieron a Ayotzingo y luego Mixquic, Cuitláhuac, Culhuacán e Iztapalapa. El 8 de noviembre de 1519 el emperador azteca los recibió y los lleno de regalos. Mientras Cortés le regaló a Moctezuma un collar de cuentas de vidrio, éste le regaló al invasor, un collar con ocho camarones de oro. Así llegó a tierra azteca un ejército integrado por unos 4.000 españoles y 4.000 tlaxcaltecas, contando con 16 caballos.

Cuando españoles e indígenas llegaron al territorio azteca, tenían como emperador a Moctezuma II, nacido aproximadamente en 1467, hijo de Axayácatl, hermano de Cuitláhuac y Cacama, y sucesor de su tío Ahuízotl, el noveno tlatoani (emperador), el que llevó a su cultura a su máximo esplendor en Tenochtitlán, cuidad que entonces tenía unos 250.000 habitantes, centro de poder que cayó ante el poder español en 1521, tras la muerte de su gran emperador, en condiciones que hoy todavía no están claras, el 29 de junio de 1520, después que le hubiera abierto los brazos a los invasores, situación que fue aprovechada por ellos para someter a todo un pueblo, el azteca.

Otras culturas que existían entonces eran las tenochcas, los totonacas o totonacos, los chimalpopocas, los toltecas, los tlaxcaltecas, los huiztilíhuitl y los otomíes, entre los más destacados. Los gobiernos mexicas fueron inicialmente teocráticos, es decir, a partir del dios al que ellos le rendían ofrendas, y después de mandos militares.

Cuando estaba en proceso de coronación, Moctezuma II creyente como el que más en leyendas, atacó a los otomíes para tomar prisioneros que serían sacrificados el día que asumiera el trono. Sus ejércitos tomaron unos 5.000 prisioneros, los que fueron sacrificados el día que ascendió al poder, demostrando sus costumbres altamente sangrientas.

El poder militar de los aztecas les permitía cobrarles tributo a los menos fuertes, por lo que algunos pueblos se revelaron, aprovechando la presencia de los españoles. Uno de esos pueblos rebeldes fue el de los tlaxcaltecas, por lo que fue atacado por los aztecas, a los que puso en sitio por un largo tiempo, sin poder doblegarlos. Ataques como este les granjearon un gran odio entre varios pueblos. En general el dominio que intentaban tener los aztecas, los mantenía en guerra con varios pueblos.

Por las creencias supersticiosas, Moctezuma no dudó, en considerar a los españoles como signo del regreso de Quetzalcóatl[2]. Eso hizo que no los combatiera, sino que los aceptó, y les dio regalos.

Contrario a la actitud asumida por los aztecas de Moctezuma, otros pueblos si los atacaron, pero fueron sometidos por el poderío militar, aumentado por la unión con varios pueblos indígenas. A los que iba derrotando los iba haciendo sus amigos, devolviéndoles los prisioneros, por lo que constantemente recibía regalos, entre ellos a una mujer que luego sería muy importante, la famosa Malinche a la que le dieron el nombre de Marina, mujer hermosa, que se convirtió en la amante e intérprete del comandante español, así como auxiliar de su ejército. Ella les reveló muchos secretos y detalles sobre la forma de vida de los indígenas, lo que les serviría luego para adelantar la conquista.

Recibido por Moctezuma, Cortés fue alojado en el palacio de Axayácatl, o templo de la diosa Toci, quien les regaló a sus anfitriones varios prisioneros para que los sacrificaran en sus ceremonias religiosas. Al tiempo organizaba un plan para poder asegurarse que no los atacarían en cualquier momento. La excusa la tuvo cuando recibió la noticia de que varios indígenas habían atacado y asesinado a varios españoles que se habían quedado en los primeros sitios por donde había pasado. Esa batalla se dio cuando aztecas atacaron a totonacas por no pagar el tributo, siendo defendidos estos por los españoles. La cabeza de uno de los españoles le fue llevada en secreto a Moctezuma, para demostrarle que no eran semidioses y que si morían. Él ordenó mantener en secreto ese hecho, sin contar que Cortés ya lo sabía.

El 14 de noviembre Cortés tomó prisionero a Moctezuma, exigiendo castigo para los que habían atacado a los españoles en Villa Rica. Sometido Moctezuma ordenó llamar a Cuauhpopoca, siendo sometido a un falso juicio y condenado a la muerte en la hoguera, junto a uno de sus hijos y quince de sus soldados. A Moctezuma le pusieron grilletes, siendo obligado a ver la ejecución, momento en el cual los mexicas empezaron a dudar de su emperador, al que Cortés lo obligó a no seguir a sus dioses, y no volver a hacer sacrificios humanos. El sometimiento quedó sellado cuando en el Templo Mayor hicieron una misa, derribando varios monumentos de dioses indígenas.

Así Cortés tenía como seguro a Moctezuma, quien además fue obligado a jurar que obedecería a su nuevo rey, Carlos I, decisión con la que no estuvieron de acuerdo muchos de sus súbditos. Entonces fue cuando Cortés le ordenó al emperador azteca ordenar a todos sus pueblos llevar tributos en oro, lo que hizo, pensando que al recibir los tesoros, los españoles se irían. El oro lo llevaron a Tenochtitlán de Tetzcuco. Alvarado sometió a otro cacique quitándole todo su oro. Moctezuma le pidió a Cortés dejar la ciudad, ante lo cual recibió como respuesta un no, excusándose en que no tenía barcos en que salir. Para montar otro engaño más, Cortés ordenó a Gonzalo Sandoval y Martín López ir a Villa Rica donde debían ponerse con sus hombres a construir unas embarcaciones, diciéndoles que el trabajo lo hicieran lo más lentamente posible, para mantener el engaño de que cuando los terminaran se irían.

La conquista de México no terminó en 1521, sino que se extendió hasta 1525, tiempo en el cual se dieron varias expediciones militares al sur y al norte, estableciendo así los límites del territorio que fue bautizado como Nueva España. Hoy existen varias versiones de lo que fue ésta conquista, empezando por la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo; las Cartas de relación de Hernán Cortés dirigidas al rey Carlos I, y la Historia general de las Indias de Francisco López de Gómara, quien nunca piso tierra americana, pero escribió esa historia a partir de la información que logró recoger de varios soldados que habían viajado con Cortés.

Conocidas las barbaridades que estaban cometiendo Cortés y sus hombres, Diego Velásquez desde Cuba organizó un ejército para someterlo, ejército que estaba integrado por 19 barcos, 1.400 españoles, 80 caballos, contando con 20 piezas de artillería, más 1.000 cubanos. La orden que llevaba el comandante de la expedición Pánfilo de Narváez era arrestar o matar a Cortés. El juez de residencia Rodrigo Figueroa ordenó parar la expedición, orden que no fue oída. Esta expedición partió de Cuba el 5 de marzo de 1520, llegando a San Juan de Ulúa el 19 de abril, donde el comandante fundó la ciudad de San Salvador. Los expedicionarios le contaron a los totonacas que iban a someter a Cortés y liberar a Moctezuma, con lo que obviamente no estaban de acuerdo, porque liberarían al emperador enemigo. En la excursión fueron descubiertos algunos amigos de Cortés, los que fueron enviados a Cuba de regreso.

Cortés designó a fray Bartolomé de Olmedo y cinco emisarios para indagar sobre lo que pasaba, mientras que Narváez comisionó a fray Antonio Ruiz de Guevara y al escribano Alfonso de Vergara para notificar a Gonzalo de Sandoval sobre las órdenes que traían. Sandoval fiel a Cortés apresó a los comisionados enviándoselos a su comandante en Tenochtitlán. Narváez también le envió algunas cartas a Juan Velásquez de León, pariente del gobernador de Cuba, Diego Velásquez, esperando apoyo, el que no recibió.

Cortés al recibir a los detenidos, los llenó de lisonjas y disculpas, les regaló oro, poniendo a los comisionados de su parte, poniéndolo al tanto de todo. Los comisionados fueron devueltos a San Salvador, donde empezaron de manera secreta a repartir entre los españoles regalos en oro, momento en el cual Cortés dejó Tenochtitlán marchando a la costa, dejando una guarnición de ochenta hombres comandados por Alvarado. Se reunió con Velásquez de León en Cholula para ir unidos a Cempoala. Entonces empezaron las cartas entre Cortés y De Narváez sin llegar a ningún acuerdo. En ida y venida, Andrés de Duero ayudó a entregar dadivas al ejército De Narváez.

Con gran mayoría del ejército de Narváez comprado, Cortés lo atacó, teniendo entre sus capitanes a Diego Pizarro, Gonzalo de Sandoval, Juan Velásquez de León, Diego de Ordás y Andrés de Tapia. Entre los traidores dieron al traste con la respuesta del ejército enemigo de Cortés, ya que cuando quisieron accionar los cañones, vieron que la pólvora se la habían mojado, y le habían echado cera a los cañones, mientras que los que montaron a caballo se dieron cuenta que les habían cortado las cinchas de las sillas. Pánfilo De Narváez fue dejado tuerto, siendo tomado prisionero. El ejército que iba a buscar a Cortés para llevarlo ante las autoridades, se vio deslumbrado por la riquezas, por lo que se entregaron, reconociendo a Cortés como su nuevo jefe, le que ordenó desmantelar San Salvador.

Mientras se daba esa refriega, a Cortés le informaron que en Tenochtitlán había una revuelta indígena, debido a que Pedro de Alvarado había aprovechado una ceremonia en el Templo Mayor para asesinar a muchos líderes indígenas. Entonces los mexicas se lanzaron a atacar al palacio de Axayácatl, momento en el cual el emperador Moctezuma ordenó calmar los ánimos, orden que fue desobedecida, cuando el pueblo le gritaba a su emperador “ya no somos tus vasallos”. Sitiaron el palacio por 20 días, donde los españoles se atrincheraron teniendo a Moctezuma. De regreso Cortés hizo que Moctezuma subiera a uno de los muros palaciegos, para que tranquilizara a la gente, diciéndoles que él no era prisionero de los españoles, sino su huésped, gente que le empezó a tirar piedras, una de las cuales hirió en la cabeza al emperador, lesión que muchos sostienen fue la causa de su muerte, siendo rescatado de su pueblo por los españoles. Dos días después falleció.

Los historiadores que se han dedicado a estudiar la vida de este emperador azteca, no han coincidido en la causa de su muerte. La versión de la pedrada muchos la han desechado por inverosímil. Otros sostienen que fue envenenado, y otros que fue apuñalado. De todas formas Cortés entregó el cadáver, buscando lograr tiempo para huir. Los aztecas nombraron como remplazo de su emperador a Cuitláhuac, debiendo entonces Cortés dejar la ciudad, escapando con un gran cargamento de oro el 30 de junio de 1520. Unos 800 de sus hombres no pudieron huir, muriendo a manos de los aztecas, perdiendo gran parte del oro. Entre las bajas estuvieron Juan Velásquez de León, Francisco de Morla y Francisco de Saucedo, Cacama y dos hijas de Moctezuma. Cortés fue herido en una mano.

La ruta de escape pasó por Tlaxcala, por Tlalnepantla, Xóloc, Atizapán, Teocalhueycan, Cuautitlán, Tepotzotlán, Zacamolco. El 7 de julio los españoles tuvieron que enfrentarse en la Batalla de Otumba a indígenas que les intentaban cerrar la huída, sin lograrlo hacer. Incluso en esa batalla los tlaxcaltecas siguieron estando fieles a los españoles, territorio donde se reorganizaron, cuando en la ciudad de Tenochtitlán se había desatado una epidemia de viruela, enfermedad traída a América por los conquistadores. La epidemia además de causar muchas muertes, desató una hambruna.

El sucesor de Moctezuma, Cuitláhuac reorganizó al ejército, además de mandar a reconstruir el gran templo, incluso intentó hacer un acuerdo de paz con los tlaxcaltecas, los que fieles a los españoles rechazaron la oferta. Pero también el emperador se vio alcanzado por la viruela, muriendo, debiendo ser sucedido por un sobrino de Moctezuma, Cuauhtémoc, que había sido un constante crítico de la actitud sumisa de su tío.

La vida no era pacífica, algunos españoles intentaron acercarse a la ciudad, siendo rechazados, algunos muchos, dados de baja, como cuando cuarenta y cinco españoles y doscientos tlaxcaltecas dirigidos por Juan de Alcántara cayeron ante los aztecas en Calpulalpan. Entonces Cortés inició el camino de la venganza del honor perdido, ordenando leerle a las tribus el requerimiento, que no era sino un documento por el que los indígenas debían prometer fidelidad a la fe católica y el rey español, y de no hacerlo quedaban los españoles facultados para castigarlos, por lo general con la muerte.

Los españoles contando con dos mil guerreros tlaxcaltecas al mando de Tianquizlatoatzin invadiendo Zacatepec, Acatzingo y Tepeaca, haciendo rendir a todos el 4 de septiembre de 1520. Muchos fueron esclavizados, siendo marcados con hierros calientes en una mejilla con la letra G de guerra. Muchos tepeacas fueron sacrificados por los tlaxcaltecas, siguiendo ataques contra más sitios del territorio azteca. Pueblos como el de Tecalmachalco y Acaptelahuacan fueron casi exterminados.

Cortés organizó el ataque a Tenochtitlán, incluyendo en Tlaxcala la fabricación de trece bergantines para atacarlos por agua. El oro que había logrado sacar de la ciudad, fue usado para adquirir aprovisionamiento en Jamaica y otras partes. Organizados avanzaron unos diez mil hombres hacia Texmelucan. El 15 de febrero de 1521 Cortés ordenó el traslado de la construcción de los bergantines a orillas del lago de Texcoco, sometiendo inmediatamente a Iztapalapa, sitio al que se unió Ixtilxóchitl con los texcocanos a los españoles, logrando el retiro de los mexicas.

Entonces Cortés ordenó atacar por el norte a Tenochtitlán, orden que también incluyó prender fuego a la ciudad. El sitio duró seis días, luego de lo cual pidieron la rendición, la que fue rechazada, regresando Cortés a Texcoco. Los aliados de los españoles aumentaban cada día. Cuauhtémoc ordenó atacar a Chalco y Tlalmanalco, siendo sus tropas vencidas. Los españoles empezaron a avanzar, pueblo a pueblo, mientras los mexicas lograron algunas victorias.

Controlado el contorno de Tenochtitlán, y aislada la ciudad, el ejército bajo el mando de Cortés era inmenso. Contaba con cuatro frentes de ataque, de 13 bergantines, 90 caballos, 59 ballesteros y escopeteros, 785 peones de espada y rodela, 45 tlaxcaltecas, 30.000 aliados de Huejotzingo, Cholula y Chalco. La batalla empezó en las aguas del lago de Texcoco, extendiéndose el sitio por 93 días. En desarrollo de los combates cayó prisionero Cortés, siendo liberado por el valiente Cristóbal de Guzmán, quien por su acto cayó prisionero, siendo sacrificado con otros prisioneros, como era la costumbre de los mexicas. El 13 de agosto de 1521 Cuauhtémoc salió de la ciudad en una canoa, siendo capturado por el capitán García Holguín, al momento en que la ciudad caía en manos españolas.

Si bien no puede decirse que haya cifras exactas sobre el resultado de la batalla por la ciudad mexica, las tropas españolas y sus aliados mataron alrededor de 40.000 mexicas, mientras que españoles muertos fueron unos cincuenta y muchos de sus aliados. Al día siguiente de la caída de la ciudad los ibéricos celebraron con una opípara cena que incluía vino, carne de cerdo, carne de pavo y tortillas, además de una misa.

Sometida la ciudad, el tesorero Julián de Alderete exigió que se atormentara a Cuauhtémoc para que entregara el tesoro azteca. A él y otro cacique se les untó aceite en los pies acercándolos al fuego. Recogido un gran tesoro, se apartó el quinto real, que era el impuesto que los conquistadores le debían pagar a la Corona española. Alonso de Ávila y Antonio de Quiñónez fueron encargados de llevar el oro a España en tres carabelas, siendo asaltados por corsarios franceses, cuyo comandante era Jean Fleury, cerca de islas Azores. El quinto real fue robado y los españoles fueron tomados prisioneros. Ávila duró dos años prisionero.

El resto del oro había sido repartido entre los conquistadores, después de descontar el impuesto y los gastos de la guerra, apenas les correspondió a cada conquistador 70 pesos, cuando una espada valía 50 pesos. Cortés olfateando una rebelión les propuso emprender otras expediciones, las que de hecho se dieron. En ese momento el español solicitó a la corona que enviaran frailes o sacerdotes evangelizadores. Cortés se domicilió en Coyoacán, donde llegaría su mujer, Catalina Juárez, la que falleció poco tiempo después. En 1522 ya con orden real, Cortés repartió tierras entre sus soldados y capitanes, usando la figura de la encomienda. A partir de entonces la paz se apoderó de la región, hasta 1529, cuando Nuño de Guzmán ordenó asesinar al cacique de los purépechas[3], lo que originó otro levantamiento contra los españoles.

En 1524 Cortés nombró a Francisco Cortés de San Buenaventura como lugarteniente y alcalde de la villa de Colima, luego de lo cual los españoles se dedicaron a someter pueblos y pueblos, arrebatando sus riquezas. Ya en 1523 el rey Carlos I de España le había ordenado buscar una ruta hacia las islas Molucas en busca de especias, lo que le permitiría competir con Portugal. Para cumplir esa misión nombró a Cristóbal de Olid a quien envió con cinco navíos y un bergantín al sur, lo que no le impidió entrevistarse con Diego Velásquez en Cuba, con el que llegó a un acuerdo para traicionar a Cortés, quien intentó tomar presos a algunos de los fieles a él, siendo herido y finalmente sentenciado a muerte, y ejecutado, cuando Cortés salió de Tenochtitlán, llevando a Cuauhtémoc como un seguro, a quien en el viaje decidió ejecutar ahorcándolo el 28 de febrero de 1525, junto a otros importantes caciques.  

El asesinato de Cuauhtémoc sirvió a los enemigos de Cortés, como Diego Velásquez para llenar de razones a la Corona española, para que tomara acciones en su contra. La travesía de Cortés llegó a Nito en lo que hoy es Guatemala. En otros pueblos, Papayca y Chiapaxina fue recibido de manera cordial, situación que aprovechó para tomar presos a los principales jefes, Chicuéytl, Póchotl y Mendexeto, para negociar con la vida de ellos. Los nativos de Papayca plantaron cara su derrota, atacando a los españoles, siendo captura y ahorcado su líder Mátzal. Por esa vía llegaron a la villa de Trujillo con fuerzas encabezadas por Francisco Hernández de Córdoba el fundador de Nicaragua, tiempo en que por las noticias de México regresó por vía marítima a San Juan de Ulúa el 25 de abril de 1526. 

Para restarle poder a Cortés el 13 de diciembre de 1527 había sido designado para dirigir la primera Real Audiencia de México, Beltrán Nuño de Guzmán, con cuatro oidores más, entrando en funciones en 1528, siendo promovido luego a capitán general de la Nueva España en 1529. Este igual que Cortés tenía un sangriento comportamiento, lo que desató otras guerras entre indígenas y españoles. Como era enemigo de Cortés ordenó detener a su principal hombre, Pedro de Alvarado. En ese año el rey de España le ordenó a Hernán Cortés regresar, recibiéndolo en Toledo, donde lo nombró marqués del Valle de Oaxaca, eso sí, sin devolverle el cargo de gobernador de la Nueva España.

En 1530 regresó a México para organizar expediciones al Pacífico sur, mientras Nuño de Guzmán azotaba y saqueaba poblaciones, rompiendo la paz con algunas tribus. Ejecutó sus jefes, suscitando quejas en su contra, las que se extendieron durante siete años, hasta que la Corona española ordenó su detención, siendo capturado y llevado con grilletes a España.

El 17 de abril de 1535 fue creado el Virreinato de Nueva España, siendo nombrado virrey, gobernador, capitán general y presidente de la Real Audiencia Antonio de Mendoza, al tiempo que Cortés realizaba algunas expediciones a Baja California y el suroeste de EE.UU.

Ese fue el proceso que siguió al descubrimiento de Yucatán por Francisco Hernández de Córdoba en 1517, homónimo del fundador de Nicaragua, expedición a la que le siguió la de Juan de Grijalva en 1518, seguidos por la barbarie que llevó a cabo Cortés desde 1519.

Luego de someter a los pueblos indígenas aztecas y demás pueblos de Mesoamérica, y haber regresado a España, Hernán Cortés falleció el 2 de diciembre de 1547 en Sevilla, cuando intentaba regresar a México en busca de sus riquezas. Ese día sus restos iniciaron un verdadero periplo que parece terminó hace poco. Fue sepultado en monasterio de San Isidro del Campo en Santiponce (Sevilla), siendo sus restos cambiados a otro sitio en la misma iglesia en 1550, mientras que en 1556 pasaron el océano Atlántico para llegar a la Nueva España, siendo sepultados al lado de los de su señora madre y una de sus hijas en el Templo de San Francisco de Texcoco. En 1629 al morir su último descendiente, Pedro Cortés se decidió inhumar los restos de Cortés cerca del altar mayor en la Iglesia del Convento de San Francisco de la Plaza de Santo Domingo en México D.F.

En 1716 los restos cambiaron de sitio en la iglesia, mientras en 1794 fueron desenterrados y sepultados en la iglesia de al lado del Hospital de Jesús, como deseaba Cortés. En 1823, en tiempos de la independencia, y pensando que los restos podían ser sacados por los patriotas, el capellán mayor del Hospital y el ministro Lucas Alemán decidieron retirar un busto, y otros ornamentos, enviándolos a Italia para que todos creyeran que los restos habían sido enviados allí. Mientras tanto los restos pasaron a estar escondidos debajo de la tarima del templo del Hospital de Jesús. En 1836 ya con menos pasiones, fueron sepultados en una pared en el mismo templo, restos que fueron buscados en 1946 por algunos de los historiadores del Colegio de México, encontrándolos el 24 de noviembre. Por decreto del 28 de noviembre de ese año, el presidente mexicano confirió al Instituto Nacional de Antropología e Historia los custodia de los restos, siendo nuevamente sepultados, de manera definitiva el 9 de julio de 1947 en el mismo lugar. Por fin sus restos reposan donde él había pedido inicialmente.

CONQUISTA DE LO QUE HOY ES COLOMBIA


La llegada de los españoles a nuestro territorio les cambió completamente la vida a los nativos de la región, nuestros ancestros, quienes fueron cruelmente atacados, siendo gran parte de la población diezmada. Los invasores usando el engaño y la traición, abusaron de los nativos a quienes utilizaron para lograr riquezas para ellos, para ponerlos a su servicio. De esa forma es que les impusieron sus costumbres, empezando por el idioma, el castellano y la religión, imponiendo la católica, bajo la amenaza de que, si no dejaban de adorar a sus dioses, eran muertos, así se impuso la cruz a punta de espada.

El proceso de la conquista fue traumático, siendo hoy, después de más de 500 años aún desconocido, pero sobre todo ocultado por quienes no han entendido lo grande de nuestra riqueza histórica, esa que nos debía servir para construir un verdadero pensamiento nacional, donde como nuestros hermanos americanos, los mexicanos exaltemos nuestras raíces, nuestras riquezas, para desde su conocimiento poderlas defender, ya que nadie ama lo que no conoce.

El periodo de la conquista se dio desde la llegada a nuestro territorio del primer español en 1499 cuando una expedición encabezada por Alonso de Ojeda llegó a lo más norte de nuestro mapa, lo que hoy es la Guajira, más exactamente al cabo de la Vela, hermoso paraje, poco conocido. En esa expedición también viajaba Américo Vespucio, a quien le debemos el nombre de nuestro continente, América. Junto con ellos estaba Juan de la Cosa. Esa expedición bordeó las playas guajiras, sin llegar a desembarcar en ellas.

Fue en 1502 cuando un español por primera vez puso pie en tierra firme en lo que hoy es Colombia. Fue Juan de la Cosa el que comandando su propia expedición llegó nuevamente a tierra de la Guajira, momento a partir del cual varios conquistadores liderando múltiples expediciones llegaron a nuestro territorio, sometieron a los nativos y empezaron a fundar ciudades, muchas de las cuales aún superviven, y son en algunos casos importantes centros de diferentes regiones, especialmente de la Costa Atlántica y en centro del país, incluyendo el departamento del Cauca. La gran mayoría de las expediciones que se dieron a nuestro territorio partían de la isla La Española, hoy territorio de dos países, Haití y República Dominicana.

El primer asentamiento que establecieron los españoles en tierra firme de lo que hoy es nuestro país fue San Sebastián de Urabá en la zona del Urabá y el Darién, fundado por Alonso de Ojeda el 20 de enero de 1510, luego que éste llegara a la región en 1509. El asentamiento pretendía ser un fuerte, pero desapareció rápidamente debido a que los indios lo atacaron, siendo abandonado por los españoles, que buscaron otro lugar para asentarse y desde ese sitio adelantar la conquista, siendo comandados por Ojeda, nombrado por la corona española gobernador de Nueva Andalucía, la que abarcaba la región de lo que hoy es Antioquia y el Chocó, el que contaba con 300 hombres que habían salido de La Española. Hoy se puede decir que San Sebastián de Urabá queda, donde ahora es el municipio de Necoclí (Antioquia).

Los indígenas de la región atacaron de manera constante, usando flechas envenenadas a los españoles, con quienes inicialmente habían hecho contacto, pero que rechazaron debido a la codicia de estos por el oro, cuando dicho oro para los indígenas tenía más que todo un valor simbólico, ritual. Por esa situación Ojeda tuvo que pedir ayuda, la que no llegaba, por lo que dejó encargado de la situación a Francisco Pizarro, partiendo a la isla La Española. Este Pizarro años después se convertiría en el principal conquistador del Perú.

Antes que Pizarro huyera también a La Española, llegó otra expedición a esa región, la comandada por Martín Fernández de Enciso, a que se había unido de polizón, otro importante conquistador Vasco Núñez de Balboa.

Por su fracaso al fundar el asentamiento de San Sebastián, Alonso de Ojeda renunció al cargo de gobernador, quedándose en La Española, donde se sumió en el abatimiento, ya que se culpaba del fracaso, retirándose al Monasterio de San Francisco donde en 1515 fallece, dejando como última voluntad ser enterrado en bajo la puerta principal del monasterio, para ser pisoteado por todos los que a ese sitio llegaran, como una pena por sus desaciertos.

Habiendo llegado a la región del Golfo de Urabá, la expedición de Martín Fernández de Enciso, con Vasco Núñez de Balboa en 1510, estos dos a decir del cronista fray Bartolomé de las Casas, fundaron lo que sería la primera ciudad en nuestro territorio, Santa María la Antigua del Darién, que aunque no sobrevivió mucho tiempo, si fue centro de poder español, debido a que en la región no existían indios que atacaran a los españoles, y además había agricultores, lo que les permitía a ellos obtener su alimento. Sin embargo, la ciudad desaparecería después, por falta de agua en la región, lo tupido de la selva que la rodeaba, y el desinterés de los españoles en tan lejanos territorios. Después se sabría que antes de la fundación de Santa María la Antigua del Darién, Vasco Núñez de Balboa había promovido la destitución de Fernández de Enciso, por los malos tratos hacia sus súbditos, por lo que los demás expedicionarios crearon un Cabildo Abierto, el primero en América para gobernar el sitio, teniendo como alcaldes a Martín Samudio y el propio Núñez, luego de la cual fue que se fundó la ciudad, lo que significa que fue solamente Vasco Núñez de Balboa su fundador.

En esa región por primera vez indios y españoles se unieron para hacer diferentes actividades de supervivencia, como la siembra de diferentes especies que les permitieran alimento, como el maíz y la yuca que cultivaron los españoles, junto a la cría de los cerdos que habían traído.

Fue Santa María la Antigua del Darién la primera sede episcopal de América, siendo también capital del territorio de Castilla de Oro, y centro desde donde salieron los conquistadores a conquistar otros sitios y fundar otras ciudades. Su decadencia y desaparición comenzó cuando Núñez de Balboa fue relevado del mando, siendo designado gobernador Pedro Arias Dávila, conocido como Pedrarias Dávila, el que llegó en 1514, comandando una expedición de unos 2.000 hombres, que traían también mujeres y médicos. Con tanta gente para alimentar, los alimentos no alcanzaban, por lo que se dio una hambruna, la que se agudizó cuando los indios se negaron a trabajar para los españoles, por lo que estos los saquearon y los esclavizaron, todo con el beneplácito del obispo fray Juan de Quevedo.

Las violaciones a las indias se volvieron pan de cada día, mientras el gobernador se jugaba los indios en juegos de ajedrez. Eso hizo que se creara una situación que daría al traste con la existencia de la ciudad, y la vida de muchos españoles que fueron muertos por los indios y otros por enfermedades y hasta de hambre. Todo eso sumado, a la escasez ya citada, hizo que Pedrarias Dávila buscara otro sitio para vivir, fundando en 1519 Panamá, lugar al que se trasladó al año siguiente, dejando la ciudad, la que desaparecería desde entonces, para dejar de existir aproximadamente en 1524, cuando ante su abandono fue atacada y quemada por los indígenas. La capital de Castilla de Oro fue trasladada a Panamá.

El antropólogo Gerardo Reichel Dolmatoff ubicó sus ruinas en 1957, en lo que hoy es el municipio de Unguía en el departamento del Chocó, participando también en su estudio el arqueólogo Graciliano Arcila, habiendo sido objeto de estudio por los departamentos de Historia y Antropología de la Universidad Nacional de Colombia encabezados por Paolo Vignolo y Virgilio Becerra.

La siguiente importante fundación de una ciudad se dio en 1525, cuando el 29 de julio Rodrigo de Bastidas fundó Santa Marta, cuando venía por la costa del norte, llegando a la bahía donde hoy está la ciudad, hoy capital del departamento del Magdalena, que durante muchos años de dijo tenía la “bahía más hermosa de América”, hasta que fue construido el tren carbonero, el que la contamina día y noche, cuando por allí pasa el carbón que habrá de ser embarcado para llevar a exterior. Cerca de donde fue fundada la ciudad vivía la cultura Tairona, la que se dedicaba a la pesca y al caza, desarrollando también la agricultura, lo que le dio abastecimientos suficientes a la ciudad.

Cuando los taironas vieron a los conquistadores, intentaron acercarse a ellos, estos iniciaron una acción tendiente a esclavizarlos y exterminar a los que se resistieran. De esa forma construyeron las primeras casas. Varias tribus fueron destruidas alrededor de la ciudad. Los taironas tuvieron que huir hacía la Sierra Nevada, hoy Sierra Nevada de Santa Marta, donde se asentaron con otras tribus como la de los kogi, ijka y sanká.

Fue Santa Marta gran centro de expedicionarios, ya que desde allí iniciaban cualquier incursión hacía el interior, como lo hizo Gonzalo Jiménez de Quesada, por lo que la ciudad adquirió gran importancia, hasta que varias décadas después fue atacada por los piratas, hizo que su importancia cayera, siendo sustituida entonces por Cartagena, la ciudad amurallada.

Como casi todos los conquistadores hacían lo que querían, con tal de lograr riqueza, las autoridades españolas encabezadas por los Reyes Católicos establecieron algunas reglas, las que de todas formas no cumplían bajo el dicho de que “se acata pero no se cumple”, como una forma de justificar las atrocidades que cometían. Para contralar, más que nada el tema económico, fue creada la Casa de Contratación de Sevilla, encargada de otorgar licencias a quienes quisieran ir a América, para que se comprometieran a explorar las nuevas tierras a nombre de la Corona, debiendo dar informe sobre lo que vieran. Para fundar poblaciones se requería otra licencia.

Otros conquistadores que llegaron a nuestro territorio, fueron Pedro de Heredia, quien exploró parte de la Costa Caribe en compañía de Juan de la Cosa, pretendieron hacer un mapa de las Indias, llegando a la desembocadura del río más importante del país, el Magdalena[4], ese que nace en la Laguna de la Magdalena en el Páramo de las Papas al sur del Parque Nacional Natural Puracé, en los límites entre los hoy departamentos del Huila y el Cauca.

Heredia llegó a América huyendo de la justicia en España, tras asesinar a tres hombres en venganza por un ataque que le habían hecho. Vivió en Santo Domingo donde se dedicó a actividades agrícolas, pasando luego a Santa Marta como teniente del gobernador Pedro Badillo, donde se convirtió en un hombre rico, al intercambiar baratijas con los indígenas por oro, llevando su riqueza a España. De regreso a América fundó el 1º de junio de 1533 la ciudad de Cartagena, siguiendo su saqueo a los indios, como cuando violó los sepulcros indígenas cerca de la ciudad que fundó, donde consiguió mucho oro. Por ese hecho fue acusado ante la Corte por el obispo de Cartagena, fray Tomás del Toro, resultando encarcelado. Logro su libertad al pagar una fianza en oro a la Corte.

Entonces Heredia volvió a España, donde fue absuelto, pudiendo regresar con el titulo de Adelantado, continuando su comportamiento de abusos contra los indígenas. Fue nuevamente procesado, pero está vez si condenado, perdiendo el cargo de gobernador, decisión que apeló, para luego huir hacía España, donde aspiraba a ingresar de manera clandestina. Murió ahogado en el viaje.

Otro conquistador que llegó a nuestro territorio fue Gonzalo Jiménez de Quesada, el que partió comandando una excursión de Santa Marta rumbo al interior, en busca de El Dorado[5], tras lograr desde Santa Domingo el permiso de la Casa de Contratación. Se internó en tierra firme por el río Magdalena, del que pensaba lo llevaría hasta el Perú, donde aspiraba a encontrar muchos tesoros. A finales de 1537 llegó a lo que hoy se conoce como la Sabana de Bogotá, internándose en la altiplanicie, donde fundó Santafé de Bogotá el 6[6] de agosto de 1538, hoy capital de la República de Colombia.

Hasta ahora se ha podido establecer que la fundación que hizo Jiménez de Quesada fue en el llamado Chorro de Quevedo, hoy centro de Bogotá. A su llegada a la Sabana los Muiscas, civilización que estaba cuando llegaron los españoles, atacaron a los invasores, siendo derrotados por el poder de las armas de fuego. Donde fundó la ciudad se edificó una iglesia y doce chozas. En la iglesia el fray Domingo de las Casas dijo una misa el día de la fundación, plantando entonces una cruz en medio de la plaza, con un letrero que decía: “Santafé de Bogotá, capital del Nuevo Reino de Granada”. El nombre es la suma de la villa o santa cruz en Santafé, y Bogotá era la castellanización del vocablo muisca Bacatá.

Otro conquistador que a nuestro territorio llegó fue Sebastián de Belalcázar o Benalcázar desde el sur. Exploró Túmbes buscando oro, aunque se interés mayor era fundar ciudades. Fundo inicialmente Santiago de Quito el 6 de diciembre de 1534, hoy sin el Santiago, es la capital del hermano país del  Ecuador. Siguiendo su expedición fundó Villaviciosa de la Concepción de Pasto en 1537, donde hoy queda la población de Yacuanquer, ciudad que fue trasladada en 1539, el 24 de junio por Lorenzo de Aldana, convirtiéndose en Pasto, hoy capital del departamento de Nariño. El 13 de enero de 1537 fundó Asunción de Popayán, hoy Popayán, capital del departamento del Cauca.

Después de fundar esas ciudades, que luego adquirirían gran importancia, Belalcázar subió a la cordillera de los Andes rumbo al centro de lo que hoy es Colombia, encontrándose con Jiménez de Quesada en Santafé de Bogotá, ciudad que pretendió se le reconociera como su fundador. De regreso al sur fundó en 1539 Villa de Neiva junto a Juan de Cabrera, en el sitio que hoy se conoce como el municipio de Campoalegre, siendo luego trasladada en 1550 a donde hoy queda Villavieja por Juan de Alonso y Arias, donde fue destruida por ataque de los indios Pijaos en 1560, para ser definitivamente fundada donde hoy está, en 1612 el 24 de mayo por Diego de Ospina y Medinilla, siendo hoy la capital del departamento del Huila.

Belalcázar siguió fundando ciudades, incluyendo pequeñas villas y ciudades intermedias, muchas de las cuales desaparecieron pronto, uniéndose al mariscal Jorge Robledo, el que fundó Santafé de Antioquia en 1541, ciudad que fue capital de Antioquia hasta 1826, cuando paso a serlo Medellín. Haciendo parte de la expedición de Robledo, fue él quien propició la ejecución del mariscal, la que se cumplió el 5 de octubre de 1546 en Popayán, en el Parque Caldas. Por este crimen a su vez fue condenado a muerte, lo que lo hizo ir a España en busca de apelar la sentencia, muriendo en Cartagena en 1551 cuando intentaba iniciar el viaje. El dejo un recuerdo diferente al de los demás conquistadores, en que no era su obsesión buscar oro, sino fundar ciudades, aunque de todas formas lo hacía usando métodos sangrientos, contra los indios y hasta sus compañeros.

El mariscal Jorge Robledo que es conocido como el conquistador de Antioquia. Participó en la fundación de Santiago de Cali y Popayán, donde fue alcalde. Fundó en 1539 la Villa de Santa Ana de los Caballeros, después Anserma, peleando con diferentes tribus indígenas, usando como arma perros sabuesos a los que les ordenaba atacar a los indios, volviéndose así más temible entre ellos. Fundo San Jorge de Cartago el 9 de agosto de 1540 en el sitio donde hoy es Pereira, ciudad que fue luego trasladada a donde hoy se encuentra.

En 1542 fue al río Atrato para salir al Atlántico, de donde aspiraba a ir a España. En la costa de Urabá fue detenido por Pedro de Heredia, quien lo acusó de usurparle sus funciones, por lo que fue puesto preso y enviado a España, donde fue absuelto, dándosele el cargo de mariscal, por el que se le conoce. Regresó a Cartagena, partiendo a Antioquia en 1546, siendo allí apresado, para ser decapitado finalmente por orden de Belalcázar. Su cabeza fue exhibida como una forma de meter miedo a los habitantes de la región.

El alemán Nicolás de Federmán (Nikolaus Federmann) se convirtió en conquistador cuando fue contactado por los banqueros alemanes Welser de Augsburgo, para que explorara territorios españoles en América. Partió de Lisboa, llegando a territorio de lo que hoy es Venezuela. Exploró el río Orinoco, regresando a Europa. Volvió a América nombrado como gobernador, cargo que desempeñó hasta 1534, siendo reemplazado por Jorge de Espira, momento a partir del cual emprende una excursión remontando los llanos de Venezuela en busca de El Dorado. Llegó a Bogotá en marzo de 1839, que había sido fundada por Jiménez de Quesada. En la ciudad intentó que se le reconociera la fundación, regresando a Europa donde intentó hacerse reconocer como tal. Fue detenido en Valladolid, sitio donde falleció en 1542. Como hecho curioso, las primeras gallinas que fueron traídas a América, las trajo Federmán.

Pascual de Andagoya también participó en nuestra conquista, pero además en la de Panamá y Perú. Exploró entre 1521 y 1523 el litoral pacífico, llegando al río San Juan, para luego intentar la conquista del imperio Inca, excursión donde se accidentó de manera grave, teniendo que volver a Panamá sin lograr su objetivo, aunque si había logrado descubrir oro y plata. Fue nombrado gobernador de Popayán, donde fue derrocado por Sebastián de Belalcázar, quien lo tuvo preso. Libre fue al Cuzco, donde falleció el 18 de junio de 1548, terminando una vida al servicio de la corona española.

Tras fundar Santa María la Antigua del Darién por disputas con Fernández de Enciso y ser relevado de su cargo de gobernador, siendo reemplazado por Pedrarias Dávila, prosiguió explorando otros territorios, habiendo recibido noticia por varios indígenas de la existencia de un gran mar lleno de riquezas. El 25 de septiembre de 1513 descubrió el Mar del Sur, como inicialmente lo bautizó, el que fue rebautizado en 1520 por Fernando de Magallanes como Océano Pacífico, por la calma de sus aguas. Esto lo lograba luego de haber explotado la Costa Caribe entre el cabo de la Vela y Urabá, regresando a La Española, donde se dedicó a diferentes actividades, adquiriendo varias deudas, por lo que huyendo de ellas se embarcó de polizón en la excursión comandada por Fernández de Enciso.

Después que descubrió el Océano Pacífico regresó a Santa María la Antigua del Darién, cuando por quejas en su contra había sido relevado en el cargo de gobernador, siendo reemplazado por Pedrarias Dávila, hombre conocido por su espíritu sanguinario. Su sucesor ordenó la detención de Núñez de Balboa, condenándolo a pagarle una indemnización a Fernández de Enciso, siendo absuelto de la muerte de otro conquistador Nicuesa. Fue liberado, siendo nuevamente detenido tras una expedición por el río Atrato, siendo otra vez dejado libre, momento en el cual el conquistador se comprometió a casarse con la hija del propio Pedrarias Dávila.

Pensando que sus problemas con Pedrarias Dávila estaban zanjados, inicia Núñez de Balboa una nueva expedición por el Mar del Sur, donde se encontró con hombres de Francisco Pizarro, quien nuevamente lo detiene, acusándolo de intentar sustituir el gobierno de su suegro, Pedrarias, que ordenó fuera sometido a juicio. El juicio se inició en enero de 1519, siendo sentenciado a pena de muerte. Condenado fue presentado en el poblado de Acla el 15 de enero, siendo ejecutado con cuatro de sus hombres[7]. Pizarro al entregar a Vasco Núñez a Pedrarias, pudo unir sus fuerzas a las de él, iniciando su campaña de conquista sobre el Perú.

Hoy en honor de Vasco Núñez de Balboa la moneda de Panamá se denomina balboa, llevando también su nombre uno de los puertos del canal de Panamá, mientras que la principal condecoración que otorga el gobierno del Istmo se denomina, Orden Vasco Núñez de Balboa. Su nombre también lo lleva una calle de Madrid (España), y una estación subterránea del metro. En San Diego (California) existe un parque con su nombre, el parque Balboa.

Pedro Arias de Dávila, suegro de Núñez de Balboa fue gobernador y capitán general de Castilla de Oro, territorio que abarcaba los países de Nicaragua, Costa Rica, Panamá y la parte norte de Colombia. Fundó Panamá el 15 de agosto de 1519, caracterizándose por su crueldad contra indios y aún españoles bajo su mando, por lo que fue llamado la Ira de Dios. Fue separado del cargo de gobernador de Castilla del Oro, siendo nombrado gobernador de Nicaragua, cargo este último que ejerció desde 1528 hasta que murió en 1531.

Así diferentes conquistadores, por diferentes partes del territorio de lo que hoy es nuestro país, sometieron a los pobladores originarios, robaron parte de sus riquezas, acusándose entre ellos, y hasta asesinándose, todo por el oro y la gloria, sin importar las normas que al Corona española había expedido, pero que hipócritamente sabía no se cumplían, como aquella Cédula real que fue expedida en 1500, por la que se prohibía esclavizar a los indios. Luego por las leyes de Burgos de 1512 fue establecida la figura de la Encomienda, que tenía como fin incorporar los indígenas a la supuesta civilización española, empezando por imponerles la religión católica, y la eliminación de sus dioses.

Más tarde lo que se impuso fue la Mita, forma de mayor explotación, por la que se obligaba al indígena a trabajar para el gobernador, pero también para el funcionario español, lo que causó la muerte de millones de indígenas, hecho este que puso en peligro en muchos lugares la vida, creando entonces las grandes haciendas y las minas, trayendo ya para explotarlos, negros del África, como una forma de que la población indígena no se acabara del todo, a lo que agregaron la llegada de familias completas de campesinos provenientes de España, o por lo general de Castilla, ya que España propiamente dicha, no existía por entonces, todo lo que sumada dio inicio al periodo colonial.

CONQUISTA DEL PERÚ


El hermano país del Perú, además de sus vecinos, Bolivia y Ecuador, era el escenario donde el Imperio Inca tenía sus posesiones, el que fue sometido por los españoles entre 1532 y 1533, momento en el que se daba una disputa interna por el poder, en un enfrentamiento que se daba entre los sucesores del emperador muerto, Huayna Cápac, sus hijos Huáscar y Atahualpa. Antes de su muerte en 1527 por viruela, Huayna se había reunido en el Cuzco con el español Pedro de Candía, buscando la paz de su pueblo con los españoles.

La disputa entre los sucesores de Huayna se inició cuando Huáscar se tomó el poder en el Cuzco, cuando su hermano Atahualpa tenía gran cercanía con los generales del imperio (ikas), por lo que su hermano le ordenó que se alejara de ellos. La orden no la cumplió, por el contrario su reacción hizo que le declarara la guerra a su hermano, guerra que tendría una duración de tres años, finalizando con la victoria de Atahualpa, al capturar y ejecutar a Huáscar en 1533, siendo sus restos arrojados al río Yanamayo.

Antes de esa guerra civil inca, para que se diera la conquista del Perú, todo se inició cuando el español Francisco Pizarro era alcalde de Panamá, tras haberle servido a Pedrarias Dávila para atrapar a su yerno, Vasco Núñez de Balboa, al que ejecutó, decide emprender la aventura de conquistar ese lejano territorio, cuando transcurría el año de 1523. Como él no tenía con que financiar la expedición se asoció a Diego de Almagro y el obispo Hernando de Luque, cura de Panamá. La misión era conquistar el Birú, palabra que se convirtió en Perú. El trabajo lo dividieron los socios. Pizarro comandaría la misión, Almagro suministraría los abastecimientos y Luque sería el encargado de la provisión de ayuda. Esta era la segunda excursión al Perú, ya antes, en 1522 Pascual de Andagoya había intentado la conquista, fracasando en el intento.

Iniciada la misión con apenas 180 hombres, comandados por un hombre inescrupuloso y analfabeto, se hicieron varios viajes. Cuando habían pasado dos años de la misión, llegaron a la isla del Gallo, donde sus hombres se le subvirtieron a Pizarro, queriendo desertar y regresar a Panamá. Pizarro en una maniobra desesperada, trazo una raya con su espada en la arena de la playa, diciendo que la pasara quien quisiera seguir en la misión. Cruzaron la raya trece hombres[8], conocidos luego como los “Trece de la fama” o los “Trece de la isla del Gallo”. Cuando Pizarro trazó la línea les dijo a sus hombres:

“Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere.”

Francisco Pizarro y doce de los hombres que cruzaron la línea se quedaron en la isla del Gallo a que llegaran refuerzos provenientes de Panamá que deberían ser enviados por Almagro y Luque. Durante cinco meses esperaron a que ellos llegaran, los que llegaron siendo comandados por Bartolomé Ruiz. El mismo día que llegaron los refuerzos, Pizarro ordenó zarpar hacía el sur.

En 1531 las tropas de Pizarro se dirigieron hacia Puná en el Golfo de Guayaquil, donde fueron recibidos con regalos por los indígenas, quienes luego se rebelaron por los malos tratos de los españoles, enfrentándose con ellos, y con los de Tumbesinos, aliados de los españoles. Hubo bajas de lado y lado.

Tras la guerra civil inca, que se disputó en trece batallas, fruto de las cuales se impuso Atahualpa, este conoció a los españoles en Cajamarca con quienes al parecer, quiso unir fuerzas para fortalecer su imperio, por lo que visitado por una embajada española encabezada por Hernando de Soto, fue a Cajamarca a hablar con su comandante Francisco Pizarro, yendo con 30.000 de sus hombres, desarmados. Fueron recibidos por las tropas invasoras con fuego de artillería, causando la muerte de unos 20.000 hombres de Atahualpa y su captura. Pizarro lo tomó preso, siguiendo los consejos que la había dado Hernán Cortés conquistador de México, quien le había dicho que lo importante era tomar al jefe, ya que era considerado una especie de dios, que preso, los demás no sabían que hacer.

Ya Pizarro había demostrado su crueldad, como cuando se dirigió a Chira, donde castigó de manera inhumana a trece curacas[9], que fueron muertos a garrote y sus cuerpos quemados. Dejando atemorizada esta población se dirigió a Tangarala, donde fundó Villa de San Miguel el 15 de agosto de 1532, primera ciudad fundada en el territorio de lo que hoy es Perú. A Francisco Pizarro lo acompañaron en su excursión sus hermanos, Pedro, Gonzalo, Juan y Hernando, el primero un constante cronista de lo que ocurrió en la conquista.

Atahualpa mientras estuvo preso organizó dos ejércitos, uno al mando de su general Chalcuchímac para que lo liberara de donde estaba hecho prisionero y otro bajo el mando de otro general, Quízquiz para tomarse el Cuzco, a fin de eliminar cualquier rastro de su hermano Huáscar. Preso se hizo amigo del conquistador Francisco Pizarro. A Atahualpa se le exigió que pagara rescate, que consistió en dos habitaciones llenas de plata y oro, además de mujeres, entre ellas su prima Cuxirimay Ocllo, que se convirtió en concubina de Pizarro.

En desarrollo de la conquista, Diego de Almagro arribó al territorio del imperio Inca el 20 de enero de 1533, desembarcando en el puerto de Manta, hoy Ecuador, en seis navíos. El 6 de enero Hernando Pizarro, con Francisco de Jerez salieron hacia Huamachuco, recibiendo la orden de ir hasta Pachacámac, debido a que Francisco Pizarro ya tenía de rehenes a los gobernantes de ese sitio, a los que les estaba pidiendo oro y plata por su liberación.

El 21 de enero de 1533 llegó a Cajamarca un cargamento de oro y plata traído por un hermano de Atahualpa, buscando completar el rescate. El cargamento consistía en 300 cargas de oro y plata en cántaros y ollas grandes y otras piezas varias. El inca informó además que otro cargamento iba en camino. El 25 de marzo llegó otro cargamento, de 27 cargas de oro y 2.000 de plata, trayendo preso al general inca Chalcuchímac, muy cercano a Atahualpa. 

El 14 de abril llegó a Cajamarca Diego de Almagro, al paso que el 28 del mismo mes llegaba otro cargamento de oro de 107 cargas de oro y 7 de plata, riquezas que con las ya existentes fueron fundidas el 13 de mayo, para poder ser repartido el botín. Sin embargo, el 13 de junio llegó más oro del Cuzco y Jauja, 70 cargas de oro, riquezas que obligaron a Pizarro a poner una guardia de más de 100 hombres a caballo, que cuidaban oro y a Atahualpa. Fundido oro y plata se repartió entre los hombres del destacamento, después eso sí, de descontar el quinto real, con destino a la Corona española. Habiendo recibido menos oro y plata, junto a sus hombres, Almagro se molestó con Pizarro.

Aunque la gente de Atahualpa cumplió entregando oro y plata, como nunca antes y después se ha podido reunir, por su rescate, el que si no cumplió fue Pizarro, quien se inventó que se estaba fraguando una fuga del inca, y lo declaró traidor, ordenando su ejecución, la que debía ser ahorcado o en una hoguera. El indio Atahualpa decidió que fuera ahorcado, debiendo bautizarse como cristiano, habiendo recibido como nombre, Francisco, ya que si no se bautizaba sería llevado a la hoguera. La ejecución se cumplió el sábado 26 de julio de 1533 en la plaza principal de Cajamarca. Su muerte hizo que muchas tribus se levantaran contra el yugo español, quedando los incas sin monarca, siendo nombrado uno por Francisco Pizarro, Túpac Huallpa.  

Después del asesinato de Atahualpa, Pizarro se adentró en el territorio del Perú, acompañado de Almagro, cometiendo toda clase de atrocidades, usando armas de fuego, perros dogos e indios auxiliares pertenecientes a tribus que estaban enfrentadas con las incas. Pizarro fundó Juajua, donde dejo 80 españoles para seguir, ciudad donde extrañamente murió Túpac Huallpa, monarca inca nombrado por él, por lo que convocó a algunos colaboracionistas a elegir otro gobernante, siendo elegido un hermano de Atahualpa.

Hacia el Cuzco iban tropas españolas integradas por Hernando de Soto, Diego de Almagro y Francisco Pizarro a quienes los esperaban tropas incas para emboscarlos. La información fue conocida por los españoles, quienes acusaron al general prisionero Chalcuchímac de pasar información para que los atacaran. Lo acusaron de infidencia, condenándolo a muerte en la hoguera, a menos que se bautizara a la religión católica, lo que no quiso hacer, manifestando que no entendía que decía esa ley. Fue quemado vivo en la plaza de Sachisagagna. Sin un general de los más fieles a Atahualpa, fue consagrado monarca a Manco Inca Yupanqui, por orden de Pizarro, su colaborador, cuando llegaron al Cuzco, la ciudad principal del Tahuantinsuyo[10].

El que si siguió la guerra contra los españoles fue el general Quízquiz, el que fue atacado por orden del Manco Inca Yupanqui, el que pronto confrontó con el propio Pizarro que lo tenía preso en el Cuzco. La diferencia terminó cuando el conquistador lo calmó, sosteniendo que no era su prisionero. El ejército del Manco Inca se unión al de Pizarro, para perseguir al general Quízquiz. La batalla se dio en el Mantaro donde se usaron flechas envenenadas, ballestas y mosquetes. Las tropas del general inca se retiraron a Tarma. El 23 de marzo de 1534 Pizarro fundó la ciudad del Cuzco, aunque ella ya existía, aún antes de que llegaran los españoles, ya que era la capital inca.

Del Cuzco Pizarro y Manco Inca Yupanqui junto a su ejército salieron a perseguir a Quízquiz a la región de Xauca, zona central norte del imperio. Por ese tiempo llegó otro conquistador al imperio Inca, Pedro de Alvarado que desembarcó en Puerto Viejo en el hoy Ecuador, contando con 400 soldados. Pizarro ordenó a Almagro hacer una negociación con el nuevo conquistador, contando con la presencia de Sebastián de Belalcázar. La reunión se llevó a cabo en Riobamba, donde se acordó que Alvarado debía retornar a Guatemala, dejando sus tropas, recibiendo a cambio una cantidad de oro y plata. El pago creo más inconformidades entre los conquistadores, quienes vieron que a muchos de ellos les habían dado menos oro, que el que le dieron al recién llegado, solamente por eso, por haber llegado de Guatemala, cuando ellos habían expuesto su vida en la campaña de conquista.

Alvarado regresó a Guatemala, para seguir desempeñando su cargo de gobernador, siendo encargado por el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco de apaciguar una rebelión de indios caxcanes y chichimecas en donde hoy es el Estado de Jalisco (México). En plena acción militar en Nochistlán en donde hoy es el Estado de Zacatecas (México) fue atropellado por el caballo de un inexperto compañero de tropa. Murió el 4 de julio de 1541.

Diego de Almagro, socio de la conquista del Perú, en 1534 obtuvo el título de gobernador de Nueva Toledo, que comprendía los terrenos que existían entre el Cuzco y Taltal, iniciando entonces una expedición a lo que hoy es Chile, en cuya organización uso parte de su fortuna. Partió el 3 de julio de 1535, sin haber solucionado con Pizarro las diferencias por el poder en el Cuzco. Su ejército lo componían 500 españoles, 100 esclavos y 1.000 indígenas, con los que paso por la zona de lo que hoy es Bolivia, bordeando el lago Titicaca, teniendo que enfrentar en la cordillera de los Andes un inclemente clima.

El conquistador por la dificultad de su misión, se vio ante la disyuntiva, si seguía o regresaba, decidiendo regresar. Aunque tomó posesión de Chile, decide regresar, yendo al valle del Aconcagua, sin que los indios lo atacaran, así el intérprete que lo acompañaba, Felipillo les hacía creer a los indígenas que el español los iba a matar, buscando que los indígenas lo atacaran, lo que a la postre no ocurrió. El viaje de regreso lo inició en septiembre de 1536.

De regreso Almagro autorizó a sus soldados a saquear a los indígenas que encontraban, dedicados a la agricultura, pudiendo llevar a varios de ellos como esclavos para que cargaran los equipajes. El viaje pasó por el desierto de Atacama. La expedición llegó al Cuzco en 1537, ciudad que estaba sitiada por tropas del Manco Inca Yupanqui, con quien intentó llegar a un acuerdo, que el indígena no aceptó. El gobernador Hernando Pizarro sembró la confusión en las tropas indígenas, las que atacaron la ciudad, pudiendo las tropas de Almagro poner fin al sitio. Almagro tomó prisioneros a Hernando y Gonzalo Pizarro, y Alvarado. Sus tropas derrotaron a las de Francisco Pizarro, que intentaba rescatar a los prisioneros. Fracasado el intento de liberación, Pizarro tuvo que llegar a un acuerdo con Almagro, al que le entregó el gobierno del Cuzco, el que por ese precio entregó a los prisioneros. Pizarro no respetó la palabra, atacando a Almagro, quien enfermo, fue derrotado en Salinas, cerca del Cuzco el 6 de abril de 1538. Su situación de salud permitió que fuera capturado, siendo condenado a muerte, de manera atroz, por estrangulamiento para luego ser puesto su cadáver a la vista de todos en la Plaza de Armas, donde luego fue decapitado. Todo esto ocurrió el 8 de julio de 1538.

Para explicar la muerte de Almagro fue Hernando Pizarro a España, logrando que la Corona nombrara a Cristóbal Vaca de Castro para apaciguar los bandos enemigos. De todas formas por sospechas en la muerte de Almagro, Hernando Pizarro fue encarcelado, pagando 20 años de prisión. Estando preso en el Castillo de la Mota (Valladolid) se casó con su sobrina, Francisca Pizarro Yupanqui, hija de su medio hermano Francisco Pizarro.

Los dos bandos de conquistadores siguieron en búsqueda de cómo vengarse uno del otro. Francisco Pizarro sin su enemigo se dedicó a consolidar su poderío, adelantando acciones colonizadoras. Envió a su hermano Gonzalo a Quito, mientras a Pedro de Valdivia le ordenó ir a Chile, mientras los almagristas no olvidaban la muerte de su jefe. Las tropas de su hijo, llamado el “Mozo” llegaron a Lima, entrando a la residencia de Pizarro, donde le dieron muerte con una puñalada en el cuello el 26 de junio de 1541. La acción la excusaron diciendo que Pizarro quería matar al “Mozo” Almagro, el que fue capturado por el crimen, siendo ejecutado por orden de Cristóbal Vaca de Castro. La disputa no terminaría allí, sino que se prolongó por otros años más.

El 20 de noviembre de 1542 fue creado por la Corona española el virreinato del Perú, siendo designado como primer virrey, Blasco Núñez de Vela, el que fue hecho prisionero y ejecutado en Quito, por orden de Gonzalo Pizarro, cuando se reveló contra la Corona. El nuevo virrey fue Pedro de La Gasca, a quien se le encargó capturar a Gonzalo Pizarro, lo que logró en la batalla de Jaquijahuana el 9 de abril de 1548. Pizarro fue decapitado y enterrado en la Iglesia de la Merced de Cuzco, quedando su cadáver al lado de sus enemigos, Diego de Almagro y su hijo, el “Mozo”. De esta forma casi desaparecieron los Pizarro del Perú, ya que muerto Gonzalo, antes había sido asesinado Francisco, y Juan había muerto cuando luchaba en 1536 al lado de sus hermanos contra los incas, mientras Hernando estaba preso. El único que quedó fue Pedro, cronista, que si bien participó en acciones militares, su tarea principal era escribir lo que pasaba, tanto así que en 1571 termina su obra, Relación del Descubrimiento y Conquista de los Reinos del Perú.

Por orden de Francisco Pizarro, Pedro de Valdivia fue a Chile, siendo hoy considerado el fundador de ese país, después que en 1520 se hubiera iniciado como soldado en la Guerra de las Comunidades de Castilla, siendo miembro del ejército de Carlos V, para partir a América en 1535. Su labor conquistadora la hizo en Chile desde 1540, fundado las ciudades de Santiago de la Nueva Extremadura el 12 de febrero de 1541, San Bartolomé de La Serena en 1544, Concepción en 1552, La Imperial en 1551 y Valdivia el 9 de febrero de 1552. En 1548 había sido detenido por orden de La Gasca, debido a múltiples hechos de sangre, detención que cumplió Hinojosa, siendo conducido de Chile a Lima, donde ante el virrey se defendió de todo cuanto lo acusaban, siendo absuelto y autorizado a volver a Chile, lo que hizo con 200 soldados en enero de 1549. En Chile enfrentó a los nativos, a quienes les demostró que era cruel, como cuando a unos prisioneros les mando a amputar su mano derecha y su nariz para luego liberarlos, con el fin que sus compañeros los vieran, y le tuvieran miedo. Todo eso hizo que uno de sus pajes, llamado Lautaro lo odiara. Lautaro un día huyó a caballo, para unirse a sus hermanos, y atacar a los españoles.

Contra los españoles se gestaba un ataque, organizado por el indio Caupolicán[11], con Lautaro[12], que mostraba mucha astucia, adquirida entre otras al lado de los españoles, a los que engañó para ponerlos a sus expensas. Así los mapuches cobraban toda la ignominia a que habían sido sometidos. En diciembre de 1553 en la batalla de Tucapel, Valdivia fue capturado, siendo sometido a torturas durante tres días, al cabo de los cuales fue asesinado. Entre las torturas a que fue sometido estuvo la de cortarle sus músculos, para lo que usaron afiladas conchas de almeja. A carne viva el extrajeron el corazón, usando luego su cráneo para tomar chicha. El cacique Palantarú en 1608 devolvería su cráneo, junto al del gobernador Martín Óñez de Loyola, que había sido muerto en combate en 1598.

Así como murieron de manera violenta gran parte de los conquistadores de Perú y Chile, muchos caciques indígenas también sufrieron la misma suerte, demostrando lo sangriento de ese capítulo de nuestra historia latinoamericana. En 1544, por ejemplo, el cacique inca, Manco Inca Yupanqui fue muerto por 7 españoles seguidores de Almagro que buscaban perdón entre los pizarristas, muerte de la que escribiría su hijo, luego cronista, Titu Cusi Yupanqui, cuando dijo que le había dicho agonizante: “No te dejes engañar con sus melosas palabras, son todas mentiras, si tú les crees te engañarán como lo hicieron conmigo«. Sus asesinos a su vez fueron sacrificados, exhibiendo sus cabezas en las plazas cercanas. Al cacique Manco Inca lo sucedió su hijo Sayri Túpac Inca, el que renunció dejando el poder en manos del cronista, el que al morir dejo el poder en manos de sus hijo Túpac Amaru I, germinando así la que sería la primera nueva chispa de libertad, esa que lideraría en la Colonia, Túpac Amaru II (José Gabriel Condorcanqui Noguera), quien encabezó el mayor levantamiento indígena contra el yugo español, del virreinato del Río de la Plata y del virreinato del Perú, marcando el camino que debíamos seguir para lograr nuestra independencia, siendo a él al que siguieron muchos de los que en nuestro territorio se levantaron en la Revolución de Los Comunero en 1781.

CONQUISTA DE ARGENTINA


Se dice que el primero en llegar a las aguas del Río de la Plata en 1502 fue Américo Vespucio, el que al parecer también llegó a la Patagonia, sin que existan notas sobre quiénes eran los demás integrantes de dicha expedición. Si la presencia de Vespucio es incierta, de la que si hay prueba, es de la llegada en 1516 de Juan Díaz de Solís a los territorios de lo que hoy es Argentina, navegando el Río de la Plata, al que llamó Mar Dulce. Llegó hasta la isla Martín García, llegando a navegar el Río Uruguay, donde murió combatiendo con los charrúas, indígenas nativos de lo que hoy es Paraguay.

Entre 1519 y 1520 Hernando de Magallanes viaja por la costa de Argentina, llegando hasta el estrecho que después llevaría su apellido, al que llegó el 21 de octubre de 1520. En ese viaje estuvo Antonio Pigafetta, el primero que describió la geografía de los que hoy es Argentina. En 1525 fray García Jofre de Loaísa dirigió una expedición que llegó hasta la Patagonia.

En 1526 el italiano Sebastián Gaboto desde España se dirigió a las islas Molucas en Oceanía, buscando repetir el viaje de Magallanes y Elcano, llegando primero a Santa Catalina en lo que hoy es Brasil, donde hizo contacto con los indios guaraníes, que habían hecho parte de la expedición de Alejo García, oyendo allí de la existencia del Rey Blanco que se refería al yacimiento de plata de Potosí, navegando hacía allí por el río Solís. Al año siguiente entró al Río de la Plata estableciendo una fortaleza llamada San Salvador el 6 de abril, cerca de la hoy ciudad de Carmelo en Uruguay. En ese sitio encontró a Francisco del Puerto, sobreviviente de otra expedición anterior, el que vivía con los charrúas, que le confirmó la existencia de un imperio de la plata aguas arriba. El 9 de junio de 1527 ordenó establecer un fuerte al que llamó Sancti Spíritus, primer asentamiento en territorio de lo que es Argentina.

Desde el fuerte, Gaboto envió tres expediciones, dos de las cuales se perdieron para siempre, siendo comandada la tercera por Francisco César, que llegó a un sitio donde encontró al parecer diaguitas, consiguiendo algunas piezas de plata. Por el río Paraná llegó hasta Itatí, para luego incursionar por el río Paraguay, llegando a las aguas del río Bermejo, regresando al fuerte, donde se encontró con otro expedicionario, Diego García de Moguer, quien fue el primero en denominar Río de la Plata, debido a que había sabido que por allí llegaría a donde había mucha plata. Este expedicionario había tomado a varios indígenas charrúas como esclavos, a los que envió a España, antes de llegar a Sancti Spíritus, fuerte de donde los dos conquistadores, tras dejar algunos hombres encabezados por Gregorio Caro, regresaron a San Salvador. En septiembre de 1828 los timbúes, indios de la región atacaron al fuerte, derrotando a sus moradores, lo que hizo que los conquistadores se regresaran a España, donde difundieron la existencia de mucha plata, lo que llamó a que nuevos conquistadores iniciaran una aventura en pos de esa riqueza.

En 1531 el gobierno portugués envió una expedición comandada por Martín Alfonso de Souza para que se adueñara del Río de la Plata, al que consideraban suyo por el Tratado de Tordesillas que había sido firmado entre los gobiernos de España y Portugal ante el Papa para dividirse los territorios de ultramar. Esta expedición llegó hasta la isla Martín García, a la que le puso el nombre de Santa Ana. Viajó por el río Uruguay, enterándose que los españoles de San Salvador habían sido sometidos por los indígenas, retirándose al Cabo de Santa María, donde hoy queda La Paloma (Uruguay), donde verificadas las coordenadas se dio cuenta que estaba del lado español del Tratado de Tordesillas, regresando entonces a Portugal.

El 3 de febrero de 1536 Pedro de Mendoza fundó la ciudad de puerto de Santa María del Buen Ayre, hoy Buenos Aries, ciudad que fue abandonada en 1541 por el constante asedio a que era sometida por los indios que a su alrededor vivían. La ciudad sería nuevamente fundada el 11 de junio de 1580 por Juan de Garay, perteneciente ambas veces al virreinato del Perú, hasta que en 1776 fue designada capital del nuevo virreinato, el del Río de la Plata. Cuando la ciudad fue abandonada tras su primera fundación, muchos de sus habitantes se refugiaron en Asunción. En 1534 el gobierno español les entregó títulos de propiedad a varios conquistadores de lo que hoy es Argentina. Así a Pedro de Mendoza le entregaron la parte norte, mientras gran parte de la Patagonia le fue entregada a Simón de Alcazaba, y luego la tierra existente entre el estrecho de Magallanes y el Polo sur se lo entregaron a Pedro Sarmiento de Gamboa, territorios muchos de los cuales nunca fueron tomados físicamente.

Cuando los españoles llegaron al territorio de lo que hoy es la capital de Argentina, Buenos Aires, la relación fue cordial con los nativos, los indios pampas y querandíes, relación que luego se estropeó, cuando ellos nómadas no les suministraban víveres a los españoles, lo que suscitó enfrentamientos, sobre todo después que los españoles hicieran una matanza de nativos. Los nativos en un número mayor que los españoles, sitiaron la ciudad, produciendo una hambruna que llevo a algunos de sus habitantes al canibalismo.

Otro conquistador de estas tierras fue Juan de Ayolas, el que navegó por el río Paraná, fundando Corpus Christi, cerca de las ruinas de Sancti Spíritus, luego fundó en lo que hoy es Paraguay, Candelaria, desde donde dirigió una expedición hacía el Alto Perú, tras la ida de Mendoza a España, donde no llegó, ya que murió en el camino de sífilis. Desde Candelaria Domingo Martínez de Irala y Juan de Salazar de Espinosa continuaron con las excursiones, todo lo que dio como resultado la fundación de Asunción el 15 de agosto de 1537, por parte de Salazar de Espinosa, prosiguiendo hacia la Sierra del Plata, que no era otro que el cerro de Potosí, el que se convertiría en el principal centro económico de todo América, debido a la gran cantidad de plata que allí había.

Por la muerte de Mendoza la Corona española puso el gobierno en manos de Ayolas, manifestando que en caso de muerte de éste, el gobernante se debía elegir por el voto de los habitantes. Muerto Ayolas, fue Martínez de Irala el que pasó a gobernar, el que empezó algunas disputas con Francisco Ruiz Galán, que era comisionado de Mendoza, lo que hizo que Irala ordenara dejar sola la ciudad de Buenos Aires en 1541 abortándose su primera fundación.

Otro expedicionario fue Simón de Alcazaba, con un grupo llamado “los leones” llegó a principios de 1535 al golfo de San Jorge, donde actualmente es Chubut, donde fundó el fuerte Nueva León, desde donde se realizaron varias expediciones, pero por lo dañino del clima, murieron la mayoría de los expedicionarios, y los pocos que quedaron se amotinaron, matando a Alcazaba, para dedicarse a la piratería. Sarmiento de Gamboa fundó Filipolis o Real Felipe y Nombre de Jesús en el estrecho de Magallanes, poblados que fracasaron por el clima, y el ataque de los piratas ingleses. Tanto que el propio Sarmiento de Gamboa fue secuestrado por estos.

En 1536 un expedicionario del Perú, que fue a Chile paso por el norte de lo que es Argentina, Diego de Almagro, siendo Diego de Rojas el primero que se internó en el territorio conocido ahora como de Tucumán, el que fue muerto en un combate con los indígenas en Santiago del Estero. La expedición la siguió Francisco de Mendoza, quien fue muerto por sus propios hombres, por el maltrato que les daba. Los sobrevivientes fueron al Perú. Una expedición salió desde allí, cuando el virrey Pedro de la Gasca le ordenó a Juan Núñez de Prado hacerla, el que la comenzó en 1549 logrando llegar al territorio argentino al año siguiente, fundando la ciudad de El Barco. A ese sitio llegó otro conquistador, Francisco de Villagra lugarteniente en Chile de Pedro de Valdivia, quien disputó, ya que sostenía que eran de Chile.

Como Núñez de Prado no aceptó las órdenes de Valdivia, este lo hizo perseguir llevándolo a Perú preso, cuando había establecido una nueva ciudad de Barco en otro lado, al lado del río Dulce, donde hoy está Santiago del Estero.  El reemplazo de Núñez fue Francisco de Aguirre, quien corrió la ciudad de donde estaba, para renombrarla Santiago del Estero en 1553. La provincia de Tucumán quedó unida a Chile por diez años, tiempo durante el cual fueron fundadas tres ciudades, Cañete, Londres y Córdoba del Calchaquí, las que se vieron atacadas como respuesta al mal trato dado a los indios. Fue Juan Calchaquí, el cacique de los Omaguacas quien dirigió la destrucción de las ciudades. Cuando en 1563 el rey Felipe II nombró nuevamente gobernador a Francisco de Aguirre, él decidió reconstruir las ciudades, mientras en 1565 Diego de Villaroel fundó San Miguel de Tucumán donde había estado Cañete.

Una ciudad que fue fundada en lo que hoy es Bolivia, en la época de la conquista fue la ciudad de Potosí, conocida inicialmente como Villa Imperial de Potosí, donde la leyenda dice que en 1545 un pastor quechua de nombre Diego Huallpa perdido cuando cuidada un rebaño de llamas, acampó al pie del Cerro Rico, encendiendo una fogata. Al día siguiente cuando despertó, vio que con el calor del fuego se habían creado una serie de hilos de plata derretidos. El 1º de abril de 1545 españoles liderados por el capitán Juan de Villaroel tomaron posesión del cerro, estableciendo un poblado, el que para 1570 contaba por su riqueza con más de 50 mil habitantes, poblado dependiente de La Plata hoy Sucre, adquiriendo la calidad de ciudad el 21 de noviembre de 1561. En 1625 la ciudad tenía una población de 160.000 habitantes, más que Sevilla o que París o Londres. Por su riqueza en Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes acuñó la frase, vale un Potosí, o sea valía una fortuna.

En medio de la opulencia, la ciudad de Potosí en el siglo XVII llegó a tener 36 iglesias, finamente decoradas, muchas casas de juego, y 14 escuelas de baile, además de salones de baile, teatro, colgando de los balcones de las casas hermosos adornos, incluyendo lamas de oro y plata. En 1579 en la ciudad existían unos 800 tahúres profesionales y 120 prostitutas. En 1608 las festividades del pueblo duraban seis días, complementadas por ocho días de toros, tres de saraos y dos de torneos y fiestas. En la ciudad se vendían perfumes, joyas, porcelanas. Se llegó a decir que hasta las herraduras de los caballos eran de plata.

La otra cara de la realidad era la sobreexplotación a que eran sometidos los nativos, que por la Mita eran esclavizados, siendo el virrey que promovió esa explotación Francisco de Toledo. Así los indios eran obligados a trabajar 16 horas diarias en las minas. Se calcula que allí murieron unos 15.000 indígenas explotados, entre los años 1545 y 1625. Cuando la población indígena se vio seriamente diezmada, los explotadores pidieron permiso a la Corona española para que les permitiera importar al año entre 1.500 y 2.000 esclavos africanos, los que en el periodo colonial llegaron a sumar unos 30.000. En esa época era más importante un burro que un esclavo.

La explotación máxima se dio en el año de 1650, momento en que las vetas empezaron a agotarse, ya que la plata es como el petróleo, las esmeraldas, el oro, el carbón, el níquel, el ferroníquel, y todos los minerales, recursos naturales no renovables, que explotados se acaban. En 1719 una epidemia de tifoidea mató a cerca de 22 mil personas, produciendo una salida masiva de habitantes. En 1750 la población era apenas de 70 mil habitantes, treinta años después la mitad, siendo desde 1776 parte del virreinato del Río de la Plata, por lo que la plata dejó de embarcarse por Arica en Chile, para hacerlo por Buenos Aires en Argentina, ciudad que quedada de Potosí a 55 días a caballo. Cuando se dio la independencia, su población era apenas de 8.000 personas, para convertirse finalmente en un pueblo fantasma, descubriéndose luego otro metal, el estaño, el que también decayó, demostrando que la minería es algo pasajero, que da riqueza por un tiempo corto, pero la que sí es segura es la pobreza que trae indefectiblemente.

En últimas la conquista de los territorios de lo que hoy es Argentina, se extendió a los que son los países vecinos, Paraguay, Uruguay y Bolivia. Los conquistadores de esta región, igual que los que conquistaron México, Perú y nuestro territorio sometieron a los indígenas, los sacrificaron, los esclavizaron, por lo que ellos, muchos de los cuales los habían recibido pacíficamente, finalmente se levantaron, dándose cruentos encuentros que diezmaron su población, debido a que los españoles tenían armas potentes, empezando por ballestas y mosquetes, aunque ellos también fueron diezmados, suscitándose entre los conquistadores intestinas disputas por riquezas y territorios, características comunes de toda la conquista.

A lo largo de este tema dejamos ver los ejemplos más conocidos de la conquista, pero obviamente no se abarcó ese periodo en todo el continente, y a todos los que llegaron a apoderarse de nuestras riquezas, aunque aquí fueron mostrados los más sobresalientes, empezando por Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Vasco Núñez de Balboa, Alonso de Ojeda, Rodrigo de Bastidas, Diego de Almagro, Pedro de Mendoza, Pedro de Heredia, Gonzalo Jiménez de Quesada, Nicolás de Federmán y muchos otros, a quienes se enfrentaron diferentes tribus, y luchadores indios que más adelante exaltaremos en su lucha por expulsar a los invasores.


[1] Líderes de los mapuches, civilización ubicada en lo que hoy es Chile. El cadáver de Lautaro fue desmembrado. Su cabeza fue exhibida en la plaza de armas de Santiago ensartada en una lanza. Caupolicán fue traicionado, apresado y muerto empalado.

[2] Ser supremo, serpiente emplumada, deidad de varias culturas de Mesoamérica, por algunos estudiosos considerado como el dios principal. Para los aztecas era hermano de Tezcatlipoca otro dios, mientras que para los toltecas eran rivales. Quetzalcóatl representaba la dualidad de la condición humana: serpiente era cuerpo físico, con sus limitaciones y plumas que eran los principios espirituales. Los indígenas del territorio mexicano consideraban que el Universo tenía una naturaleza dual o polar. Para los toltecas creían que su dios creaba el mundo, pero también lo destruía, por lo que Quetzalcóatl lo creaba y Tezcatlipoca lo destruía.

[3] Pueblo indígena que habitaba lo que hoy es el Estado de Michoacán, y eran también conocidos como michoacanos.

[4] Antes de que el español Rodrigo de Bastidas lo bautizara río Magdalena en 1501 en honor a María Magdalena, los nativos lo llamaban Huacacayo, Yuma que significaba río amigo, Arly, y Karacalí.

[5] Es una leyenda que empezó a propagarse en 1530, que sostenía que había un lugar donde había inmensas cantidades de oro, siendo el primero en buscarlo, Ángel Guerra por orden de la Corona española, sin lograr éxito alguno, siendo seguido en el intento por Francisco de Orellana y Gonzalo Pizarro, quien fue al Amazonas a buscarlo y lo buscó finalmente Gonzalo Jiménez de Quesada.

[6] Día de la Transfiguración de Cristo.

[7] Fernando de Argüello, Luis Botello, Hernán Muñoz y Andrés Valderrábano.

[8] Bartolomé Ruiz, Pedro Alcón, Alonso Briceño, Pedro de Candía, Antonio Carrión, Francisco de Cuéllar, García Jerén, Alonso Molina, Martín Paz, Cristóbal de Peralta, Elías Ascoy Angulo, Domingo de Soraluce y Juan de la Torre.

[9] Curaca era el jefe político y administrativo del ayllu. Después de la conquista pasaron a ser conocidos como caciques. Curaca en voz quechua significaba primero o el mayor entre todos los de su agrupación, debiendo ser el más anciano y el más sabio.

[10] Como también se llamaba al imperio incaico, civilización asentada principalmente en los territorios de lo que hoy es Perú, Bolivia y en menor medida Ecuador.

[11] Capturado por los españoles en la batalla de Antihuala el 5 de febrero de 1558, fue condenado a muerte por empalamiento. Sus proezas fueron contadas, como las de Lautaro en el poema La Araucana, escrito por Alonso de Ercilla. Rubén Darío también le dedicó un poema.

[12] Murió en 1557 en la batalla de Mataquito, tras ser traicionado por un indio que les dio a los españoles el sitio exacto donde estaba junto a su mujer Guacolda.

Total Page Visits: 2755 - Today Page Visits: 10

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *